Cyberfractal |
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Parte del pavimento de la Basílica de Santa María en Cosmedin (Roma), con mosaicos cosmatescos que evocan una estructura geométrica comparable al triángulo fractal de Sierpiński. Fotografía de Marian Espinosa. Entre todas las bellezas, además del pavimento, también de estilo cosmatesco, se encuentra esta que se muestra a continuación y que es una versión más compleja aún del triángulo fractal de Sierpinski “romano”.
Una forma se repite a distintas escalas,
conservando su estructura esencial aun cuando varía su tamaño.
Cada parte contiene la ley del todo: el fragmento no es residuo, sino manifestación local de una misma organización formal.
En los fractales, esta repetición no es mera copia, sino una reiteración generativa que produce complejidad a partir de una regla simple.
Así, lo que aparece como irregularidad es, en verdad, una regularidad distribuida a través de las escalas.
La autosimilitud introduce una ontología de la forma: lo que persiste no es la materia ni la medida, sino el patrón que se reitera en el devenir.
Imaginad que ese copo de Koch representa una costa. En cada una de las infinitas bahías que van apareciendo podemos imaginar un remolino girando en su interior. Remolinos cada vez más pequeños según vamos acercándonos.
¿Qué es lo que hace que esta situación sea irreal?
El hecho de que la materia no es continua. Llegado un momento nos toparemos con átomos y la situación cambiará completamente. Una situación así sólo puede darse en el caso simplificado en que supongamos que la materia es continua.
En 1904, Koch publica “Sur une courbe continue sans tangente, obtenue par une construction géométrique élémentaire”. Allí propone una construcción simple pero radical:
Este choque entre intuición geométrica y rigor matemático fue profundamente perturbador para la matemática clásica.
Generar patrones geométricos complejos mediante la repetición recursiva de un proceso simple implica que la autosimilitud sea el principio rector: la misma forma aparece a distintas escalas. Como en las ramas de un árbol o en un copo de nieve, al ampliar una pequeña parte se revela una copia reducida del todo. Este proceso, iterativo y continuo, produce estructuras infinitamente detalladas, aunque en la práctica computacional se encuentra limitado por la resolución.