¿Qué es lo infinito?, ¿es lo infinito algo definible?, ¿existe alguna forma de acceso a lo no pensable, a saber, lo infinito? Desde los orígenes del pensamiento, los filósofos se vienen preguntando —y se preguntan todavía— sobre la existencia real de este concepto. Para Aristóteles, por ejemplo, el infinito solo era algo potencial, porque siempre se podía sumar 1 a cualquier número. Contemos números naturales y empecemos: 1, 2, 3, … n, ¿hasta dónde podríamos llegar? Después del número n, siempre podrá venir el n + 1…, y así recursivamente. Según esto, tenemos un infinito potencial, una posibilidad de infinito no aprehensible.
La noción de lo infinito es algo difícil de entender en toda su magnitud, porque no es un número, tampoco es algo que podamos ver, tocar y muchas veces creer. Una manera de lograr ver lo infinito sería al colocar dos espejos enfrentados. Luego, si nos colocamos en medio y miramos a uno de ellos, veremos una serie de repeticiones de una misma imagen, por ejemplo, un lápiz. En efecto, la imagen reflejada del lápiz se va curvando hasta perderse en lo infinito. Pero, si nos colocáramos detrás de un espejo que permita ver a través suyo y colocáramos enfrente otro espejo, ¿qué veríamos?…












