4) Lo anterior no quiere decir que no exista la Ley, vale decir, no niega la Ley. Por el contrario, la toma en serio. Pues la Ley no es entendida aquí como una norma de sentido común ni como un conjunto de reglas destinadas a homogeneizar conductas, sino que es una forma de límite estructurante que introduce falta, diferencia y posibilidad de subjetivación. Dado que al operar como límite, la Ley no produce normalidad, sino que deja restos, fractus, singularidades, particularidades, afectos, formas no ajustadas al decir, a saber, el dolor de amar.
5) Tomar la Ley en serio resulta más perturbador para el Estado que su simple violación. La transgresión puede ser tipificada, sancionada y gestionada dentro de protocolos ya establecidos. En cambio, la singularidad que emerge del encuentro entre la Ley y lo raro fractal exige una respuesta no estandarizada, una decisión que no puede apoyarse en formularios ni procedimientos prefijados. Allí donde no hay protocolo, aparece la incomodidad, la inseguridad y la necesidad de pensar el caso por caso.
6) Así, la lectura de lo raro fractal no busca destruir el orden, sino mostrar sus límites, revelando que el sufrimiento humano no se deja reducir ni a juicios morales ni a soluciones administrativas sin pérdida de sentido.
7) Lo raro fractal impide que “lo normal” y “lo patológico” se congelen como categorías morales o administrativas. Las vuelve móviles, topológicas, inestables. Exactamente lo que más irrita a manuales y burócratas del alma.
Lo normal como ficción estadística
“Normal” no es una esencia. Es una media, un promedio tranquilizador. Sirve para organizar poblaciones, no para entender sujetos. En cuanto aparece un sujeto, la normalidad empieza a fallar por diseño.
Desde una lógica fractal:
- lo normal contiene lo raro en pequeña escala,
- y lo raro reproduce lo normal de otro modo.
No hay frontera limpia. Hay borde.
Lo patológico como fijación
Lo patológico no es la diferencia, sino la rigidez.
Cuando una forma de repetición no admite variación, cuando el fractal se vuelve bloque, aparece el sufrimiento.
Freud ya lo vio: el síntoma no es un error, es una solución que se quedó sola.
Lacan lo afila: el problema no es la estructura, es quedar pegado a un solo modo de goce.
Lo raro como índice, no como falla
Lo raro no señala enfermedad. Señala singularidad.
Es el punto donde el sujeto no coincide con la norma, y gracias a eso existe como sujeto.
Desde lo fractal:
- lo raro es una irregularidad estable,
- una forma que se repite sin obedecer a la geometría lisa del ideal.
Eliminar lo raro en nombre de la normalidad produce adaptación, no salud.
Fractalidad del síntoma
El síntoma aparece:
- en el cuerpo,
- en el lenguaje,
- en el lazo,
- en la historia.
Mismo motivo, distintas escalas. Eso es lo fractal.
Cuando alguien pretende “curarlo” suprimiendo una sola manifestación, el síntoma reaparece en otro nivel. Sorpresa cero.
Clínica contra normalización
Una clínica que busca normalizar aplasta lo raro.
Una clínica que escucha reconoce la lógica singular del fractal del sujeto.
Por eso:
- no todo lo raro es patológico,
- y mucho de lo “normal” es profundamente mortífero.
Fórmula final, sin anestesia
Lo normal es lo que se repite sin ser preguntado.
Lo patológico es lo que se repite sin poder transformarse.
Lo raro es lo que se repite de un modo que obliga a pensar.
Y sí, lo raro incomoda.
Pero sin esa incomodidad no hay sujeto, no hay clínica y no hay pensamiento.