Cuando en psicología hablamos de cura, tenemos que preguntarnos: ¿qué cura? Esta pregunta indica que algo cura. ¿Qué cura? Cura los síntomas, el dolor, la frustración, ¿el no tener dinero?
Digamos primero que la psicología no va a quitarnos estas molestias como si fuera una medicación. La psicología posee una modalidad de trabajo que lleva tiempo; sin embargo, existen otras modalidades eficaces y mucho mejores, como las TERAPIAS RÁPIDAS, para abordar los síntomas en sintonía con los tiempos actuales. Por ejemplo, aquellas terapias de rendimiento que generan talentos que luego se explotan en los mercados. En este sentido, sería una estafa si dijéramos que el tratamiento psicoanalítico sirve para eliminar los síntomas.
Pero, además de eso, la cura anímica no pretende suprimir los síntomas, sino que encuentra en la eliminación de los síntomas el resultado de un trabajo que el psicoanálisis realiza. Es cierto que, si el trabajo se llevó a cabo por deseo de querer curarse, los síntomas desaparecen. Pero una cosa es que se eliminen por añadidura y otra cosa es pretender que se elimine el síntoma de manera directa.
Cuanto más se quiere eliminar el síntoma, más aparece la resistencia al tratamiento.
El psicoanálisis cura, porque produce la cura en un campo que es el de la subjetividad, algo que ninguna otra terapéutica o enfoque produce.
Ahora bien, tenemos que pensar: ¿qué cura?, ¿cómo cura?, ¿dónde cura?, ¿cuándo cura?, ¿qué no cura?, para aproximarnos a comprender de qué trata esta ciencia.
Lo primero que hay que situar es que el psicoanálisis no cura el síntoma ni el padecimiento que el paciente cree sufrir. No cura aquello de lo cual el paciente se queja. ¿Pero si se queja de algo que lo aflige, qué sentido tiene no intervenir ahí? Lo que nos enseña la psicología es que aquello de lo que se queja el paciente no es exactamente lo que padece. Sin embargo, esto no significa que en el trabajo analítico se elimine la queja. La psicología no elimina la queja porque es la brújula que nos marca y ubica en el camino a seguir.
La queja es el modo en que el paciente expresa, desde su estructura psíquica, aquello que lo hace sufrir. Esto no significa que lo que dice sea exactamente lo que lo hace padecer, pero sí es una manifestación de su malestar. Por ejemplo, el psicótico expresa desde dónde está posicionado en su fracaso en la vida, y hay una relación entre cómo lo dice y aquello de lo que realmente padece. Por eso es importante escuchar la queja.
El psicólogo aloja la queja. Es decir, el síntoma pasa al psicólogo. Si bien la queja no expresa exactamente el padecimiento subjetivo, sí es la punta del ovillo.
Alojar la queja no significa erradicarla ni sostenerla o alimentarla. Alojar la queja significa hacerle un lugar para poder traducir ese sufrimiento —del que el paciente se queja— en términos de padecimiento subjetivo.
¿Qué es lo que cura la psicología? ─El padecimiento subjetivo─.
Ahora bien, ¿qué es el padecimiento subjetivo? No llegar a fin de mes. Aguantar al jefe o a la vecina. No tener tiempo para hacer lo que me gusta.
El padecimiento subjetivo es aquel que está encubierto en la relación del sujeto con el Otro. Es el modo de relación del sujeto con el Otro que el neurótico, el psicótico o el perverso nos presenta y que conlleva sufrimiento.
|