Cyberfractal |
||||||||||||||
| ||||||||||||||
|
El malentendido puede ser accidental, pero es evidente que es una estrategia de gobierno. Crear confusión. En efecto, cuando la incertidumbre obliga a otro a actual, interpretar, anticiparse y corregirse constantemente, el malentendido deja de ser un problema de comunicación porque se transformó en la forma silenciosa de poder. Pregunta general ¿Puede el malentendido convertirse en una forma de gobierno y de control social cuando la ambigüedad del discurso obliga a los sujetos a interpretar, anticiparse y regular constantemente su propia conducta? TesisEl malentendido puede constituir una forma de gobierno cuando la ambigüedad deja de ser un accidente de la comunicación y se convierte en un recurso para producir incertidumbre, desplazar responsabilidades y conseguir que los individuos regulen su propia conducta en función de aquello que creen que el poder espera de ellos. En este sentido, gobernar mediante el malentendido no significa necesariamente ocultar la información, sino evitar que el significado quede completamente definido. HipótesisCuanto mayor sea la ambigüedad de un discurso y menor sea la posibilidad de exigir una interpretación precisa a quien lo produce, mayor será la necesidad del receptor de interpretar, anticiparse y autocontrolarse. El mecanismo podría resumirse de la siguiente manera: Ambigüedad → incertidumbre → interpretación → anticipación → autocontrol → poder. De este modo, el control no necesita ejercerse siempre mediante una orden explícita. Puede instalarse en el propio sujeto, que comienza a preguntarse qué debe hacer para responder correctamente a una demanda. Respuesta a la pregunta y conclusiónSí, el malentendido funciona como un dominus poderoso, cuando la ambigüedad es utilizada para producir incertidumbre y hacer que los individuos se responsabilicen de interpretar aquello que el poder no formula claramente. Si el discurso consigue así reunir a personas diferentes bajo palabras aparentemente comunes, aunque cada una entienda algo distinto. Entonces, el malentendido deja entonces de ser un problema que el gobierno necesita solucionar y puede convertirse en una condición que le permite gobernar. El malentendido no es siempre una falla de la comunicación, sino una forma de poder cuando la ambigüedad produce incertidumbre y obliga al sujeto a interpretar permanentemente qué se espera de él. Su eficacia reside precisamente en que el control es invisible: ya no es necesario ordenar, prohibir o amenazar de manera explícita. Basta, en determinadas circunstancias, con producir un discurso suficientemente ambiguo, mal-dicho, fuera de lugar, para que el individuo comience a autovigilarse, anticiparse y autocorregirse. Lic. Gustavo Ricardo
Rodríguez
Psicología UBA Filosofía USAL Investigador IIPC/USAL |
||||||||||||||
|
|
||||||||||||||
Visitas desde 2025: 00000000000
|
||||||||||||||