Lo políticamente correcto es aceptar la mentira del otro. En el juego de la lucha de todos contra todos, la política siempre miente.
Con solo analizar el término es fácil darse cuenta:
- política: polis, ciudad, policía, muchos
- mente: mentir, mentar con el pensamiento.
- correcto: que no tiene errores.
El significante de estos fonemas nos conduce a tener que creer las mentiras corregidas del otro. Sería como decir: De todos los que mienten con el pensamiento, algunos son más acertados que otros. De ahí que necesariamente debo aceptar la mentira de muchos, es decir, encarnado en algunos líderes que también mienten, para convivir en la ciudad.
Por eso, ser políticamente correcto nos obliga a ser experto en la mentira. Cuando estamos en tiempo de elecciones, lo que votamos no es ni más ni menos que al mejor fabulador mediático. Esto es, al que mejor nos convenció. De esto nadie se escapa por más que uno diga en su fuero interno: “-a mí no me engaña nadie...”.
Lamento desilusionarlo.







