¿Políticamente correcto?
El trasfondo de lo político es aceptar la mentira del otro. No solo para evitar la lucha de todos contra todos mediante ese invento llamado contrato, sino para tolerar lo absurdo, no porque haya dejado de serlo, sino porque cuestionar la "burbuja mental" del político implica ser condenado de diversos modos.
En política, aceptar la mentira del otro implica tolerar, reconocer, sostener y, a veces, sufrir, la esquizofrenia ajena, aun cuando se advierte su falsedad, porque cuestionarla implica poner en riesgo la propia posición económica, la pertenencia a un grupo o determinados intereses.
La esquizofrenia del sujeto político reside en la división que lo atraviesa al tener que responder simultáneamente a varios amos, esto es, quienes lo votaron, sus pares y a sí mismo.
Por ello, no se trata de creer en lo que dice el político, sino de adular su discurso y contribuir a que siga organizando la realidad colectiva como si fuera verdadera.
En ese proceso, el sujeto puede terminar autoengañándose respecto de la realidad que cree interpretar e intervenir.
La mentira no requiere siempre creyentes convencidos o engañados; también necesita opositores que la legitimen, la reproduzcan o la sostengan por conveniencia, temor o interés.
¿En qué consiste la adulación de lo políticamente correcto?
La adulación de lo políticamente correcto consiste en adherir y reproducir los discursos socialmente aceptados, no necesariamente por convicción, sino para obtener aprobación, evitar el rechazo o preservar una posición económica.
No importa tanto la verdad de lo enunciado como demostrar que se está del lado de lo aceptable. Así, la corrección deja de ser un criterio de respeto y se convierte en una forma de conformismo que legitima el discurso dominante y desalienta su cuestionamiento.
Volviendo al título y si analizamos el término descubrimos que:
POLITICA - MENTE - CORRECTO
- política: remite a ciudad, comunidad, asuntos públicos.- mente: mentir, mentar, fabular.
- correcto: corregir, enderezar, rectificar.
La expresión "política-mente-correcto", al separar sus términos, desplaza el sentido y cuestiona la relación entre pensamiento, palabra y poder. Como si dijéramos: "De quienes mienten con el pensamiento y la palabra, algunos aciertan más que otros".
Aquí surge la pregunta:
¿Por qué habría de aceptar una mentira solo porque, de vez en cuando, acierta?
¿Por qué necesitamos creer en las falsedades de ciertos sujetos elegidos democráticamente que, desde su propia visión fantasiosa de la realidad, mienten y, aún más, lo hacen bajo la apariencia de procurar el bien de la ciudad?
Si cada mentira inventada se refleja como un patrón que se repite en infinitas escalas, en los laberintos del lenguaje y del deseo. ¿Qué nos conduce a sostener la mentira que a veces es cierta y otras se desvanece?De modo opuesto, la verdad no sería un punto único sino un fractal de grietas, donde cada pregunta abre otra, y cada mentira descubierta desvela, silenciosa, la estructura que nos atraviesa en lo social. Entonces, ser políticamente correcto nos obliga a ser experto en la mentira, convivir en la mentira, nos disfrazarnos, incluso nos mortificarnos, nos enfermarnos o nos alegrarnos con pocas veces con ella.
Volviendo al tema que nos ocupa, cuando estamos en tiempo de elecciones, lo que votamos no es ni más ni menos que al mejor fabulador. Esto es, al que mejor nos convenció ser politicamtene correcto.
El discurso del político nos ha llevado a creer, a ilusionarnos y a desinformarnos por ejemplo, un futuro económico de exito prosperidad. Sin emnbargo, podemos comprobar, diariamente esta estrategia de engaño que se replica de modo centrífuga y perpendicular en las mentes de los habitantes.
De esto nadie se escapa por más que uno diga en su fuero interno: “-a mí no me engaña nadie...”.
Deseo subrayar que el discurso de lo políticamente correcto engaña, ilusiona, desinforma. Sus significantes horadan certezas y abren grietas en lo obtuso. Por esas fisuras, el político hace creer, a través de los mass media, en la ilusión de poseer la salida de lo obtuso. Aquí el poder se muestra falaz. La verdad se fractaliza. Mandatos y engaños se repiten, infinitos, en cada escala de la estructura social.
Lamento desilusionarlo.
a tolerar lo siniestro.
Lo correcto aquí se constituye en lo más próximo, cuando la luz se convierte en "sol negro" —algo que el político rehúsa ver, al mirar hacia otro lado o al hacer la vista gorda—.
El infierno puede ser tu vecino, un gerente, el verdulero, el policía, la tarea que detestas pero debes cumplir por necesidad material, la ideología de otro que repugna, el compañero insoportable a tu lado.
Tolerar no es virtud: es aguantar lo impuesto, sufrir lo que te atraviesa, aceptar lo que no quieres hacer. Este malestar es el origen de la mayoría de las enfermedades.
Baste, como muestra lo laboral, lo políticamente correcto "acá" se reduce a "imponer sufrimiento sobre lo indeseable", mientras el poder observa y la rutina se fractaliza. El poder permanece atento (de manera invisible mediante los bufones o alcahuetes).
El objetivo de estos espacio de poder como el trabajo es crear hábitos de pequeñas acciones, rutinas y mandatos cotidianos que se repiten y se reflejan en múltiples niveles de lo social. Con estas acciones se organizan fractales de control y obediencia.
Aplicar el poder o lo políticamente correcto significa hacer que la gente cargue con lo que no quiere, obligándola a aceptar lo que le resulta molesto o insoportable, a menudo bajo la apariencia de norma, deber o tolerancia.
En otras palabras, la sociedad o las autoridades transforman lo desagradable en obligación, y así se perpetúa la rutina, el control y la obediencia. Es una manera de decir que el control social y la opresión no están solo en hechos aislados, sino que se replican en todos los aspectos de la vida, desde lo micro hasta lo macro.
Cada gesto, cada mandato, cada obligación se repite, infinitos, reflejando la estructura social que nos atraviesa y nos contiene.
El patrón del gesto indeseable recae siempre sobre los más vulnerables, algo que puede verse claramente en cualquier sociedad. Pues hay situaciones de opresión en las cuales es imposible resistir o corresponder.
El poder, es decir lo políticatente correcto no es lo mejor.
Lic. en Filosofía – USAL
Lic. en Psicología – UBA
Psicoanalista
Investigador IIPC/USAL





