El trabajador rehen del aparato sindical
1) ¿En qué sentido los gremios pueden funcionar como estructuras perversas dentro del lazo social?
2) Problema: ¿Qué le pasa al sujeto cuando entra a la red gremial dado que es allí donde surgen lógicas de dominación, identificación, pérdida de singularidad y, sobre todo, de la conciencia racional.
3) ¿Cuándo el delegado deja de responder a los trabajadores y comienza a responder a las lógicas del poder (empresariales, religiosas o políticas)? Cuando el encubrimiento político es de alto nivel para proteger intereses económico. El delegado de ser amigo se convierte en enemigo.
4) Tesis: El delegado gremial deviene figura de traición no por una falla individual, sino cuando la representación sustituye la palabra del trabajador y captura su deseo dentro de una estructura que administra su dependencia.
5) Alcance de esta clase de agrupamientos sindicales.
1) ¿En qué sentido los gremios pueden funcionar como estructuras perversas dentro del lazo social?
Desde el punto de vista de las ciencias sociales, los gremios son funcionales a la política d los "lobby" porque crean conciencia gregaria. Es decir, dado que los gremios promueven o son portadores de ideológia de consentimiento libre, pues no se necesita reprimir la conciencia, sino que la interpelan.
La conciencia gremial emerge del espíritu de vulnerabilidad, del desamparo al que está expuesto el trabajador. Que una vez coptado, el individuo es convertido en sujeto: “trabajador”, “afiliado”, “compañero”, "hermano", "padre" "madre" "partenere".
En ese llamado hay reconocimiento… y captura. El gremio no sólo organiza demandas: produce subjetividad, define lo pensable y lo decible. La “perversión” aparece cuando esa función deja de abrir palabra y pasa a cerrarla, bajo la forma de identidad obligatoria.
Lamento desilusionarlo.
Lo políticamente correcto nos obliga a tolerar lo siniestro
Lo correcto aquí se constituye en lo más próximo, cuando la luz se convierte en "sol negro" —algo que el político rehúsa ver, al mirar hacia otro lado o al hacer la vista gorda—.
El infierno puede ser tu vecino, un gerente, el verdulero, el policía, la tarea que detestas pero debes cumplir por necesidad material, la ideología de otro que repugna, el compañero insoportable a tu lado.
Tolerar no es virtud: es aguantar lo impuesto, sufrir lo que te atraviesa, aceptar lo que no quieres hacer. Este malestar es el origen de la mayoría de las enfermedades.
Baste, como muestra lo laboral, lo políticamente correcto "acá" se reduce a "imponer sufrimiento sobre lo indeseable", mientras el poder observa y la rutina se fractaliza. El poder permanece atento (de manera invisible mediante los bufones o alcahuetes).
El objetivo de estos espacio de poder como el trabajo es crear hábitos de pequeñas acciones, rutinas y mandatos cotidianos que se repiten y se reflejan en múltiples niveles de lo social. Con estas acciones se organizan fractales de control y obediencia.
Aplicar el poder o lo políticamente correcto significa hacer que la gente cargue con lo que no quiere, obligándola a aceptar lo que le resulta molesto o insoportable, a menudo bajo la apariencia de norma, deber o tolerancia.
En otras palabras, la sociedad o las autoridades transforman lo desagradable en obligación, y así se perpetúa la rutina, el control y la obediencia. Es una manera de decir que el control social y la opresión no están solo en hechos aislados, sino que se replican en todos los aspectos de la vida, desde lo micro hasta lo macro.
Cada gesto, cada mandato, cada obligación se repite, infinitos, reflejando la estructura social que nos atraviesa y nos contiene.
El patrón del gesto indeseable recae siempre sobre los más vulnerables, algo que puede verse claramente en cualquier sociedad. Pues hay situaciones de opresión en las cuales es imposible resistir o corresponder.
El poder, es decir lo políticatente correcto no es lo mejor.










