La actual economía adoptada por los que nos precedieron ha sido la cabeza capital. De ahí deriva capitalismo que es sinónimo de cabeza, "caput", "per capita", en latín, "parte superior". La cabeza capital es ego. De ahí que un buen capitalista, es decir, un triunfador económico, es un buen egoísta.
El motor del capitalismo no es otro que la avaricia.
La avaricia que nos rodea toca una fibra de nuestro ser que ─después de esta lectura─ no nos puede dejar nunca más tranquilos...
Egoísmo y avaricia están unidos por un mismo fin. Este fin no es otro que la perdida de la conciencia.
La cabeza capital (sin conciencia) nos conduce a repetir conductas que a modo de imitación se van a ir transmitiendo en los miembros de la misma especie. Por ejemplo, familias de músicos, familias de militares, familias de políticos, familias de médicos. Todas estas conductas son hábitos que se repiten y conservan un común denominador. Este común denominador es la enfermedad que produce el dilema: "La bolsa o la vida".
Jean de La Bruyère (1645-1696): «El avaro gasta el día de su muerte más que en diez años de existencia, y su heredero en diez meses más de lo que él gastó a lo largo de su vida.»

Fotografía del "Mayo frances de 1968".
La insurrección que reclamaba cambiar la vida,
derribar la organización jerárquica y burocrática
de la sociedad capitalista.